23.8.16

Edison contra Tesla, o La Guerra de las Corrientes


Nada más presentar su más conocido invento, la lámpara incandescente, Thomas Edison patentó un sistema de distribución de energía eléctrica basado en la generación de corriente continua por medio de dinamos (año 1880).

Este sistema no tardó mucho tiempo en manifestar sus graves carencias:

La electricidad generada a baja tensión se transportaba directamente desde las dinamos a los centros de consumo. Esto presenta, principalmente, dos graves inconvenientes:


  • Se necesitan varias dinamos y tantas otras líneas para transportar las distintas tensiones requeridas por los distintos aparatos (lámparas, motores, etc) para su funcionamiento. Esto es debido a que la corriente continua no puede transformarse de manera sencilla.
  • El transporte de energía eléctrica a baja tensión es tanto más ineficiente cuanta mayor sea la potencia demandada por los consumidores. Para suministrar una potencia determinada, el valor de la intensidad que circula por los cables de distribución aumenta en la misma proporción en que disminuye la tensión, ya que P=VI. Como las pérdidas por calor (energía eléctrica no aprovechable) se rigen por la Ley de Joule (Q=I^2Rt), podemos observar la importancia que tiene transportar a corrientes bajas (y altos voltajes, para mantener la potencia) ya que el factor de intensidad está elevado al cuadrado. Pero, como se ha dicho, la corriente continua es muy difícil de transformar. Además, las pérdidas aumentan también con la distancia entre las estaciones generadoras y los centros de consumo, con lo que se necesita que las fábricas de electricidad queden cerca de los núcleos urbanos o industriales.
Y aquí es donde entra uno de mis científicos favoritos: Nikola Tesla. Físico, matemático, ingeniero e inventor, sentó las bases de la teoría de la corriente alterna, patentó cientos de artefactos, pionero de los rayos X, la radio y el elctromagnetismo en general, todo ello bajo un aura de científico loco, que le acompañó hasta su muerte. Hasta fenómenos supuestamente paranormales fueron sido atribuidos al incomprendido genio.

Tesla, empleado de Edison, y harto de sus chuleos, funda su propia empresa y patenta un sistema de distribución polifásico de corriente alterna, en total oposición a Edison, propietario de numerosas patentes de corriente continua.

La utilización de corriente alterna eliminaba, de un plumazo, todos los inconvenientes del sistema de Edison. La corriente se generaba mediante alternadores, su tensión se elevaba mediante transformadores con lo que disminuía la intensidad y las pérdidas eran mucho menores durante el transporte. Antes de llegar a los centros de consumo, la tensión se volvía a reducir, manteniéndose la potencia, salvo inevitables pérdidas en los transformadores (mucho menores que las ocurridas en el sistema de Edison). Además, mediante el uso de distintos transformadores reductores en las estaciones transformadoras finales, se podían obtener valores de tensión a discreción de una manera sencilla y eficaz. La disminución de las pérdidas en las líneas de transporte permitían una centralización de las estaciones de producción de energía, las cuales podían abastecer a varios centros de consumo distantes entre sí.

Como podemos ver, el sistema de Tesla es mucho mejor que el de Edison, en todos los aspectos. Edison, más hombre de negocios que Tesla, más científico y romántico, no duda en recurrir a los trucos más sucios para desprestigiar a Tesla y su maravilloso sistema. La Guerra de las Corrientes estaba servida.

Ante los abrumadores resultados del sistema de Tesla, a Edison no le queda otra que liderar una campaña para lograr que la opinión pública asocie muerte y peligro de electrocución con la corriente alterna. Una gran ocasión se le presenta con el motivo de la invención de la silla eléctrica: Harold Brown, inventor de tan macabro dispositivo, fue untado por el señor Edison para defender el uso de la corriente alterna en la aplicación de la pena capital y relacionar muerte y corriente alterna de manera definitiva. Irónico, Edison acuñó el término Westinghousizar, para referirse al verbo electrocutar. George Westinghouse fue el socio de Tesla y fundador de la mítica empresa que explotaba su sistema.

Pero no termina ahí la cosa: intentó propinar golpes de efecto mediante ejecuciones públicas de animales con corriente alterna. La más famosa de todas, la de la elefanta Topsy.

¡Muy mal perder tiene este Edison!


Referencias: